HAGAMOS ALGO POR NUESTRO HOGAR.
En los últimos tiempos el mundo se ve sacudido por
un abrupto clima, que devasta ciudades y deja en miseria a muchas personas, que
en la mayoría de los casos son de escasos recursos y de cierto modo no tienen
la culpa de estos “fenómenos naturales”. Entonces ¿quién o quiénes tienen la
culpa?
La respuesta es variada pero todas remiten al
clásico calentamiento global. Las industrias de papeles que se abastecen de
árboles, los frigoríficos que desechan sus inmundicias en las aguas más
cercanas, la devastación de la fauna y flora para sembrar kilómetros de soja.
Los ejemplos son varios, todos son válidos para señalar que son culpables del
cambio abrupto del clima.
La tala de árboles en nuestro país, se ha
incrementado tanto que se convirtió en la tasa más elevada de deforestación del planeta. Por sobre todo,
esta práctica, que es posiblemente la más atroz, es la que genera más
consecuencias. Un ejemplo fueron los destrozos que dejó una tormenta
huracanada, que azotó parte del centro sur del país. Los árboles, entre muchas
otras funciones, protegen al ambiente, en especial a la tierra para evitar el
desprendimiento de la deriva continental, que causa temblores.
En el caso mencionado, los vientos se generaron por
la inestabilidad de la tierra, y al no tener ningún “escudo” que nos proteja,
quedamos como un tiro al blanco para estos sucesos que son nada más que
reajustes del ecosistema para volver a un estado ideal, o para muchos “la
naturaleza no pasa la factura”.