lunes, 30 de octubre de 2017

Editorial.

HAGAMOS ALGO POR NUESTRO HOGAR.

En los últimos tiempos el mundo se ve sacudido por un abrupto clima, que devasta ciudades y deja en miseria a muchas personas, que en la mayoría de los casos son de escasos recursos y de cierto modo no tienen la culpa de estos “fenómenos naturales”. Entonces ¿quién o quiénes tienen la culpa?

La respuesta es variada pero todas remiten al clásico calentamiento global. Las industrias de papeles que se abastecen de árboles, los frigoríficos que desechan sus inmundicias en las aguas más cercanas, la devastación de la fauna y flora para sembrar kilómetros de soja. Los ejemplos son varios, todos son válidos para señalar que son culpables del cambio abrupto del clima.

La tala de árboles en nuestro país, se ha incrementado tanto que se convirtió en la tasa más elevada  de deforestación del planeta. Por sobre todo, esta práctica, que es posiblemente la más atroz, es la que genera más consecuencias. Un ejemplo fueron los destrozos que dejó una tormenta huracanada, que azotó parte del centro sur del país. Los árboles, entre muchas otras funciones, protegen al ambiente, en especial a la tierra para evitar el desprendimiento de la deriva continental, que causa temblores.


En el caso mencionado, los vientos se generaron por la inestabilidad de la tierra, y al no tener ningún “escudo” que nos proteja, quedamos como un tiro al blanco para estos sucesos que son nada más que reajustes del ecosistema para volver a un estado ideal, o para muchos “la naturaleza no pasa la factura”.

Editorial.

HAGAMOS ALGO POR NUESTRO HOGAR. En los últimos tiempos el mundo se ve sacudido por un abrupto clima, que devasta ciudades y deja en mise...

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